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La vida breve de los gigantes tecnológicos

Poner en marcha una startup a partir de una idea original y triunfar es casi tan difícil como que el colegial que despunta en el patio de su escuela llegue a ser un ídolo del fútbol. Cuestión de buena estrella y estadística. Llega uno entre millones. Pero haber conseguido el estatus de crack del balón y ver cómo en apenas unos años tu carrera, tu fama y tu fortuna se desmoronan se escapa un poco a la lógica. Eso es lo que le ha pasado a gigantes tecnológicos como Nokia, BlackBerry o Motorola, que han pasado de ser una mina de oro y una referencia para el consumidor que no podía vivir sin uno de sus moviles con tv en la mano, a convertirse en una especie de zombis de los que la gente huye porque ven sus productos casi como objetos de museo.

Mientras, gigantes industriales del siglo XX como Siemens, General Electric, Mercedes-Benz, Boeing o Thyssen, por poner solo unos ejemplos, gozan de buena salud, con los achaques lógicos de las crisis cíclicas, el liderazgo de los emporios tecnológicos apenas duran unos años. ¿Tienen menos longevidad estas empresas que los vetustos colosos industriales?

La respuesta no es sencilla, pero lo cierto es que los ciclos de las empresas tecnológicas son mucho más cortos que los de las corporaciones tradicionales: las pendientes de su valor en Bolsa, tanto de ascenso como de caída, son mucho más pronunciadas. En 2009, en el momento de su apogeo tras sacar al mercado su gama de terminales Bold, BlackBerry valía en Bolsa 49.000 millones de dólares (36.260 millones de euros). Desde entonces ha perdido el 90% de su capitalización y hoy vale menos de 3.000 millones de dólares (2.220 millones de euros) y está en busca de comprador / salvador.

Nokia ha tenido una historia muy similar, con el añadido de que su caída se ha convertido en símbolo de la decadencia tecnológica europea. En 2007, vendía la mitad de los móviles del planeta. Su capitalización llegó a los 200.000 millones de euros, superando a la de cualquier otra empresa del Viejo Continente. Hoy sufre una anemia crónica, con ventas y resultados a la baja. Microsoft acaba de comprar la división de móviles de la multinacional finlandesa por unos escasos 5.440 millones de euros. ¿Qué puede causar un terremoto tan devastador?

Le llaman innovación disruptiva, un cambio tecnológico no necesariamente revolucionario, pero que trastoca para siempre los hábitos de los consumidores. No tiene tampoco por qué responder a una necesidad real como los grandes inventos industriales. El alumbrado eléctrico, los automóviles e incluso Internet pertenecen a esta última categoría de progreso. Supusieron saltos en la ciencia y en la civilización. Difícilmente a WhatsApp, Amazon tienda electrónica o el MP3 se les puede otorgar ese rango.

 
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